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Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net Instantes fugitivos La vida es una marcha sin descanso: todo empieza y todo acaba tan deprisa... Hay momentos especiales, de belleza, de dicha, de riqueza profunda en nuestro corazón inquieto. Quisiéramos, entonces, que el tiempo detuviese su paso despiadado, que el momento durase más tiempo, que no cesase este instante de alegría intensa. Pero la vida es una marcha sin descanso: todo empieza y todo acaba tan deprisa... El amanecer entre cantos de mil pájaros se ha transformado en un día espléndido, soleado y caluroso, mientras el viento acaricia las copas de unos plátanos. Las horas pasan, las sombras se alargan. Llega el crepúsculo. El sol se zambulle entre el brillo inquieto de las olas. Todo empieza y todo termina: demasiado rápido como para detenernos en un momento de dicha. Los gozos dejan paso a la fatiga. El tiempo de descanso nos arrastra de modo irresistible a ese trabajo que nos gusta o nos corroe poco a poco. El instante es así, fugitivo. Deja en nosotros sabores de nostalgia, deseos ilusos de detener el camino del sol para quedarnos fuera del tiempo, en un gozo profundo e intenso. Pero somos mortales, efímeros. Somos humanos de carne y hueso. La gravedad nos saca de los sueños. El cuerpo nos pide alimento y descanso. La cuenta del banco nos avisa que tenemos que volver a la fábrica, al campo o a la oficina para el trabajo. Es misteriosa esa sensación de impotencia, casi de fracaso, ante lo fugaz de una vida hecha de instantes. Todo invita a seguir hacia adelante, con la duda del porqué, con el miedo del silencio, con la angustia de no saber si mañana, nuevamente, habrá ocasiones para el amor y la alegría. El mar agita olas de nostalgia, y el sol dibuja mil caricias entre olas inquietas, mientras la luna juega con nubes que hacen de pañales. Una madre y su hija miran a lo lejos, junto a la playa, en la hora vespertina que levanta nuestros ojos hacia el cielo. Dios, en silencio, espera la hora de un encuentro. Entonces los momentos de amor se harán eternos. Allí los hijos descubriremos que valió la pena vivir en el tiempo, usar de cada instante para trabajar por el bien de nuestro hermano... " Preguntas o comentarios al autor P. Fernando Pascual LC |
Autor: Anónimo El atardecer de la vida La vida es un instante que pasa y no vuelve. El atardecer de la vida El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida. - ¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana? La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso. - Los atardeceres -respondió. El vasallo preguntó, confundido: - ¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré. Y reafirmándose El vasallo, exclamó: - ¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres. La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo: - Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma. - ¿Cosas? ¿De ti misma...? - inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase. Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió: - Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... - ¡mira! La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza. La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado "historia", coloreé con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado. Fuente: Catholiconnet. |
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