La vida es como el tiro con arco.

El blanco era difícil.

Un águila oscura con solo una pluma blanca en la punta del ala volaba alto, muy
alto en curvas caprichosas, y desde el suelo con una sola flecha había que
arrancarle la plumita blanca sin herir al ave.

Llegó el primer arquero al centro reglamentario, y el Maestro le preguntó: "-¿qué
ves?" Contestó: "-Veo el público, y mi familia y amigos...; veo el prado y las
plantas y los árboles que me rodean; veo las nubes en el cielo, y el águila que
entre ellas vuela". "-Ves demasiado", dijo el Maestro, y lo despidió.

Llegó el segundo. "-¿Qué ves?" "-Veo sólo el punto blanco de la pluma que he de
alcanzar con mi flecha". "-Ves demasiado poco", dijo el Maestro, y lo despidió.

Llegó el tercero. "-¿Qué ves?" "-Más que ver, siento. Siento a mi alrededor el
público que con sus voces y sus gestos señalan el vuelo del águila; siento en mi
piel la fuerza y la dirección del viento que me indica sin yo distraerme, hacia
dónde va a empujar mi flecha; siento el arco y la flecha como prolongación de mi
brazo y mano, y la pluma blanca en el cielo que se deja acariciar desde aquí por
mi mirada". "-Tú estás preparado", dijo el Maestro, "puedes tirar".
Hubo un momento de susurros y miradas, de brisas y caricias, del sonido
vibrante del arco seguro y la trayectoria certera de la flecha veloz. Un momento
en que el todo se unió con el todo, y árboles y nubes y rostros y miradas se
unieron en la punta de la flecha y en el copo blanco de la pluma que descendió
satisfecha de satisfacer a todos. Cuando todo es uno, todo vive".

Me gustó la historia, firmada por la hermana Teresita Santamaría, pues pensé
que más que hacer cosas hay que vivirlas, sentir ese momento mágico que está
escondido en cada cosa. A veces estamos replegados sobre nosotros mismos, no
somos capaces de ese sentir la vida. El egoísmo nos impide darnos cuenta de lo
que hay a nuestro alrededor, nos anula, priva de ser uno mismo quien actúa.
Tendemos a dejarnos llevar por la rutina, el aburrimiento, y en esta situación
caben las dos posibilidades: caer en la rutina que esclaviza -ver poco- o como el
primer arquero ver demasiado, divagar, es fácil que la imaginación se desate y
busque un refugio en la fantasía que, alejando de la realidad, acaba
adormeciendo la voluntad. Es la 'mística ojalatera', hecha de ensueños vanos y
de falsos idealismos: ¡ojalá no me hubiera casado, ojalá no tuviera esa
profesión, ojalá tuviera más salud, o menos años, o más tiempo!" En esos casos,
uno tiende a escapar de aquella situación a la que no quiere enfrentarse. Como
la protagonista de la novela "Donde el corazón te lleve" de S. Tamaro, que dice a
la abuela que se va a América, pues "así al menos no pierdo el tiempo y aprendo
idiomas". Pero le contesta la abuela que la vida no es una carrera sino un tiro
con arco, lo importante en la vida no es hacer muchas cosas y no perder nunca el
tiempo sino estar centrado, y el que no está centrado está descentrado, inquieto
hasta que encuentra su centro.

Hay que evitar esos dos peligros: ver tan poco que uno acaba esclavo del deber,
trabajo, afán de dinero... y está aburrido; y como consecuencia la cabeza va
hacia otra parte, escapa entre ensueños que alejan de la realidad. Hemos de
vivir la vida, estar centrados en lo que toca en cada instante, y "sentir" el
momento presente como la única cosa existente, sin pensar en lo que pasó ni en
lo que vendrá. Dios está como escondido en cada quehacer, y ese "algo divino"
que está en todas las cosas está siempre ahí, esperando que sepamos
encontrarlo, vivir cada instante con "vibración de eternidad", como recordaba
estos días Mons. Javier Echevarría con unos versos del poeta Joan Maragall, que
comprendía muy bien ese "algo divino" encerrado en cada instante:

"Esfuérzate en tu quehacer / como si de cada detalle que pienses, / de cada
palabra que digas, / de cada pieza que pongas, / de cada golpe de martillo que
des, / dependiese la salvación de la humanidad / porque en efecto depende,
créelo".




Autor: P. Llucià Pou Sabaté
La vida es como el tiro con arco.
Vivir la vida, centrados en lo que
toca en cada instante, y "sentir" el
momento presente como la única
cosa.